Tuesday, November 18, 2008

woow

Son días con sol privado.
y detesto lo privado.

Pero esto no lo he conseguido especulando, o pagando dinero. Este sol que calienta se consigue de otras maneras. Intercambiando intereses emocionales.

Todo es un negocio, supongo.

Consiste en mirarlo de una manera o otra. Pero todos traficamos con nuestros sentimientos. Involucrarse en ellos, mirarlos de cerca, nunca ha sido demasiado bueno, aunque a veces es inevitable. También es fantástico dejar que te envuelvan y que te arrastren durante una aparte del camino. Pero igual que el pintor se aleja de la obra para adquirir una perspectiva nueva y más cercana a la inalcanzable objetividad, nosotros hemos de enfriar la cabeza a veces. Si no, puedes hacerte daño, o hacerlo a los demás. Si estás siempre cerca de tus objetivos, te impiden ver el horizonte, que en este caso lo conforman los paisajes emocionales de otras personas.

Nuestra libertad, se solapa con la del resto de la gente. Es una premisa de la que parto. Si somos tantos, es más fácil salir mal parados de todo este asunto. Has de administrarte muy bien hoy en día. Repartir cada emoción en cada momento, y cuando decidas volcar alguna sobre ti, cuando llegue el momento de sentirla, entonces, también es igual de importante abrir todos tus huecos, y dejar que te atraviese el cuerpo implacablemente. Te congele, te caliente, te duela como un hilo que tensa tus entrañas, te produzca una placidez embriagante y que te desborda.

Monday, November 17, 2008

Pre-desazón

Qué alturas... Qué miedo.

Qué desastre de pensamiento, qué jugarreta tan cruel.

Qué dolor de cabeza, qué migraña total se cierne sobre mí.

Qué angustia.

De tan increíble, daña los ojos. Asusta. Quiero salir corriendo, trepar palabras.

No debería haberte conocido, empiezo a pensar.

Me duele el alma.

Soy demasiado romántico para estos giros. Necesitaba meterme con alguien menos ambicioso con la vida, con alguien que no apunte tan alto, no con alguien tan impresionante y de líneas tan perfectas. Me vienes grande y a tu alrededor se detienen los soldados más apuestos.

Yo soy solo un voyeur que te desviste en palabras. En palabras, dentro de un mundo sin cabida para ellas. Soy un cervatillo, o un mocoso hecho un guiñapo que se cuela entre las piernas del gentío que se agolpa en las calles para verte pasar.

Entre todo el tumulto, agarro tres, cuatro, cinco seis huecos para inmortalizarte en mi frente y mi cuaderno.

En el mundo de los sueños gano a cualquiera. En la plaza lisa y solitaria despliego mis acciones.
Nunca se me ha dado bien la gente.

Saturday, November 15, 2008

Al final del Este

SI te fueras de mi mano, si rechazara la naturaleza tu último aliento, si no dejaras la historia que acabas de posar entre mis dedos, si no hubieras existido después de haberte sentido, ciego, ser ciego, volverme ciego... hubiera sido poco.

Y si se acaba haberte sentido nada más empezarte, si me prohibes tu sendero antes de enterarme yo de que existía entre todas esas ramas... si me dices que hoy no, y que mañana tampoco...

Voy a empezar a vivir de nuevo, pero desde la no-identidad.

Me siento fuerte como la pintura del chasis de un automovil, y capaz de comprender aquello de lo que siempre me hablaron. Comprenderlo a mi manera, como lo comprende un lobo que no se va a morder la cola, y que corre al lugar más refugiado al notar que cae la noche y con ella el frío.

Y estés o no, clavada te vas a quedar en las paredes o los cielos. Lo primero que pille.

No queda tiempo para especular. lo poco que resta, en vez de tirártelo encima en forma de futuro, te lo paso por delante de la manera cortés, y te doy las gracias por hacer que me sienta de esta manera. Por fin vuelvo a contar del uno al diez, vuelvo a escuchar las conversaciones más cercanas, y vuelvo a interesarme por las novelas baratas.

Pero cuando tú no estés, volverá el letargo. Lo más probable es que te olvide con facilidad. Que amar durante una noche vuelva a ser lo facil, lo esecial y lo necesario. Olvidaré tus sensaciones en mí, porque tu antes no habrás querido interesante. Y lo voy a asumir. Nunca habré sido capaz de demostrarte nada emocionante, y, por tanto, ganaré ese premio.

Eres una verdadera locura, me haces algo que me es imposible explicar.

Quédate encima de la parte más suave de mi antebrazo, y cuélgate de mis curvas hasta que la cuota de mantenimiento aumente. Eso nunca va a pasar. Antes habremos dado cientos de paseos por la playa y habremos reventado los servicios comunitarios.

Tuesday, November 04, 2008

Mujer sureña

Está todo velado, como si la neblina fuera parte normal de la percepción.
Después, me coloco en la punta del tejado, y me pongo a lanzar besos a la luna.

Cuantas veces ha rehuido. Cuantas tonterías le he escrito.

Pero hay veces que no me canso de imaginar que tú vas a ser la definitiva. Que vas a entrar de pleno en mi vida y me vas a destrozar. Vas a hacer que me derrumbe como un castillo de arena en la playa. Con la misma facilidad que lo haría cualquier ola sosegada pero obcecada.

No puede ser que cada libro tenga un final sietemesino, porque igual que regreso siempre al lugar del verano, también ha de haber un origen en mis ilusiones que dibuje tu cara.

Así que voy a seguir tonteando detrás de las mismas palabras de siempre, esperando que por fin, pueda mirar los setos a los ojos.
Entonces te invitaré a que nos sumerjamos en la piscina de la urbanización. Y nada más me va a importar, nada más me va a importar que lo que tengo delante y lo que está por mi.

Nada más que me desconcentre, ni un ápice de lo que merece la pena fuera de lo que mis manos abarcan,

Y tras esa melodía, todas las rutas secundarias, los parques naturales, los rastrillos y las palas, el carpito, la red que contiene tres pelotitas para jugar a palas, la librería en donde compré la vanguardia, el mercado de al lado de la pista alquitranada, en donde las canastas de metálica redes emergen de la nada. El parquing maldito y misterioso, las bh's en el trastero, el cuarto de mis primas, ahora es el esclavo de nuestro bao, las cortinas ya no sirven para protegerme de las cintas satánicas, o del castillo encantado. Solo sirven para recogernos de todo lo que hay ahí fuera...

Y después, después, nunca me canso de escribir mientras te tengo en la cabeza, y solo quiero seguir y seguir, y no me cansaría de buscarte entre los adoquines de la calle que hay de camino al paseo marítimo, no me cansaría de invitarte a entrar a cualquiera de esos bares en donde jugábamos a ser eternamente jóvenes, te intuiría detrás de cada montón de hamacas, o te ligaría irremediablemente a la caída de la luna sobre el mar. Puede que incluso, incluso, te fueras allí, con la barcaza que siempre ha estado hincada cerca del club de los pescadores, puede que me ahogara detrás, y puede que no me importara en exceso.

Total, aquí, uno se cansa de pensar y pensar.

Al final, uno solo tiene ganas de contar lo incontable dentro de tu cuerpo y darse completamente.